Y se secaron las aguas, se murieron los sueños, se agotaron las ansias de andar hacia el mar.
En el canto rodado y en las piedras del cielo, en el mar desolado se fueron a acostar.
Ya no cuentan secretos de lejanos parajes ni la música eterna echarán a rodar... silenciaron su canto
las arenas del tiempo, y callaron sus versos cicatrices de sal.
Hoy se encuentran mirando hacia el cielo silentes, como mudos testigos de tormenta fatal.. esperando que un día, llegando desde oriente, les devuelva la vida... una estrella fugaz

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